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Liutprand - Associazione Culturale

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Articoli

di Paul Gallez

LOS EGIPCIOS EN CHILE EN EL SIGLO III a.C.

Predescubrimientos de América

1. La gruta de Tinguiririca

La gruta de Tinguiririca es situada en los Andes a 34°45’ de latitud sud. Su inscripción rupestre ha sido traducida por el prof. Barry Fell como una pretensión de soberanía egipcia.

La cuestión ha dado lugar a una nota breve en “La Nueva Provincia” del 20 de marzo de 1975, y ha ocupado gran parte de los números 131 y 132 de “La semana cientifica y tecnológica” que publica la Comisión Nacional chilena de Investigación cientifica y tecnológica, de los 13 y 20 de marzo de 1975.

La “oposición al cambio” es fuerte en los científicos de cierta edad, y es tradicional el papel conservador de las academias de todo el mundo, que consideran como parte de su deber la defensa de las verdades científicas consagradas, contra las inovaciones de los jóvenes heterodoxos;

Así pasó en Chile, donde pocos intelectuales (o quizás ninguno) dominaban la epigrafía eqipcia.

2. El descubrimiento de Karl Stolp en 1885.

En 1885 el naturalista Karl Stolp, alemán establecido en Chile, recorriá las montañas que dominan el Cajón de Tinguiririca, cuando le sorprendió un temporal de nieve que le obligó a buscar refugio en una gruta natural situada a 600 metros encima del fondo del valle. Era casi inaccesible, y además los pastores de la región la consideraban encantada.

Las paredes interiores de la gruta, y parte de la pared exterior, estaban cubiertas de signos que el naturalista no pudo entender y supuso, como era natural, que se trataba de “inscripciones indígenas". El piso de la caverna, siempre seco, es taba cubierto de polvo seco hasta 30 centímetros de profundidad. En este polvo halló cinco esqueletos humanos, que se desintegraron en gran parte. Rega1ó una de las calaveras al Museo Nacional chileno, haciendo notar que su ángulo óptico era de 75°. Publicó el resultado de su excursión en la Revista de la Sociedad ciéntífica alemana de Santiago (1).

Los símbolos misteriosos eran pintados en negro, rojo y blanco. Nadie los entendia, y fueron clasificados como “indios”. Tampoco llamaron la atención los esqueletos, considerados como “indígenas”.

3. La interpretación epigráfìca de Barry Fell

Hemos hablado ya en varias notas del epigrafista neocelandés Barry Fell, fundador de la Epigraphic Society. En un seminario dirigido por é1 en la Universidad de Harvard, Fell demostró, por lìtoglifos hallados en Polinesia, que una flota libia al mando de Rata y Mawi había penetrado en el océano Pacifico en el año 232 a.C. Fell tradujo las inscripciones dejadas por estos libios en Nueva Guinea, y anìmó a los participantes a buscar ínscripciones en la misma lengua en otras islas del Pacifico.

En noviembre de 1974, halló en la revista alemana de Santiago de Chile el articulo de Karl Stolp con la reproducción de la inscripción principal de la gruta de Tinguiririca, y constató que pertenecía a la misma expedición que recaló en Nueva Guinea. Fell tradujo el litoglifo como sigue:

“Limite sur de la costa alcanzada por Mawi. Esta región es el limite sur de la tierra montañosa que el comandante reclama, mediante proclamación escrita en esta tierra triunfante. A este limite sur llegó la flotilla de barcos. El navegante reclama esta tierra para el Rey de Egipto, para su Reina y para su noble Hijo, comprendiendo un curso de 4000 millas escarpado, poderoso, montañoso, levantado en lo alto.

Agosto, dia 5 del año 16 del Rey”.

En aquella fecha, el faraón era Tolomeo III Evergetes, la reina era Berenice II de Libia, y el hijo e] futuro faraón Tolomeo IV Philopator. La lengua era la de Libia, emparentada con el egipcio antiguo y el maori antìguo, y la escritura libìa se utilizó en Nueva Zelandia hasta el siglo XV. La larga experiencia del epigrafista Fell en la traducción de litoglifos libios y maorís asegura la seriedad de la traducción que ofrece.



4. Rechazo de los intelectuales chilenos

En el mundo entero, el hombre es renuente a admitir lo que no entiende. Es probable que nadie en Chile entendía el libio antiguo ni el maori, y menos la escritura libia. Como ocurrió tantas veces en la historia de la ciencia, el sabio innovador fue tachado de farsante.

La "refutación" de la interpretación de Fell fue firmada por el director del Departamento de Ciencias antropológicas y arqueológicas de la Unìversidad de Chile, quien afirmó que "estas pictografías o pinturas rupestres no corresponden a ningún tipo de escritura, ni libica, ni menos pueden traducirse". Agregó que si los especialìstas norteamericanos desean postular la presencia de egipcios en Chile, deben apoyarse en otros tipos de evidencias. Y que confundir los dibujos pintados con escrituras, es un error inaceptable (2).

El asunto se dió por terminado en Chile. Pero la identificación por el mismo Fell de litoglifos egipcios en Iowa, y del origen egipcio de los jeroglifos Micmac, imponen una revisión de todo lo relativo a los descubrimìentos, o por lo menos a los viajes, por el Pacifico, de los egipcios, cuya influencia en América ya ha sido comprobada, cono lo hemos expuesto en la nota precedente, por los estudios de Ibarra Grasso, Heinke Sudhoff, y otros antropólogos y arqueologos.

NOTAS

I. STOLP, Karl: Indianische Zeichen aus der Cordillere Chile's. Verbandlungen des deutschen wissenschaftlichen Vereines zu Santiago, Vol. 2/1. Santiago de Chile 1877.

2. La Semana cientifica y tecnológica, Año IV, n. 131 y 132 (13 y 20 de marzo de 1975). Santiago de Chile, Comisión Nacional de Investigación cientIfica y tecnológica.

Pubblicato 31/03/2008 12:33:55